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Pilar González de Frutos: “Cuando me jubile contrataré una renta vitalicia”

González de Frutos en la presentación del informe sobre rentas vitalicias
Un estudio de Analistas Financieros Internacionales promovido por Unespa considera que las rentas vitalicias son la solución a la pérdida de poder adquisitivo de los jubilados tras las últimas reformas del sistema público de pensiones.
Óscar Bordona
15 de Febrero de 2018, 17:30CET

Unos 63.000 euros de media bastan para disfrutar de una pensión vitalicia de cerca de 350 euros a partir de los 67 años. Con este supuesto se ha presentado esta mañana en la sede de Unespa el informe ‘Soluciones para la jubilación. Naturaleza, ventajas, defensa y fomento de las rentas vitalicias en España’, encargado por la patronal aseguradora a Analistas Financieros Internacionales (Afi).

Entre los argumentos para la contratación de los seguros de rentas vitalicias, el primero que se ha puesto encima de la mesa ha sido la pérdida de poder adquisitivo que, tras las reformas en las pensiones de 2011 y 2013, Afi ha calculado para los nuevos pensionistas en esos mismos 350 euros que, de media, este tipo de productos permitiría compensar mensualmente. Al mismo tiempo se evitarían daños colaterales en el empleo y el PIB, con un descenso estimado del 1,5% en ambos casos entre 2017 y 2035.

Antonio Herce, profesor de Afi Escuela de Finanzas y codirector del estudio, ha destacado que las rentas vitalicias “son eficientes y muy flexibles” porque permiten ajustar el consumo de los jubilados durante toda su vida a la cantidad de ahorro disponible y, además, estos pueden hacer que a su fallecimiento el capital asegurado sea rescatado –total o parcialmente– por parte de sus herederos, en función de la modalidad del producto escogida.

El hecho de que la prima a pagar la decida el titular, que se pueda variar el destino de la inversión, hacer un uso compartido con otra persona del capital asegurado y modular la edad de inicio de su disfrute, así como las prestaciones a lo largo del ciclo de jubilación, son otras de las posibilidades que ofrecen.

Herce ha destacado asimismo que se trata de un producto “actuarial y no financiero”, por lo que “gestiona el riesgo de longevidad y lo mutualiza”, y “claramente más ventajoso que las rentas financieras”, porque basan su rentabilidad en activos a muy largo plazo que conllevan una prima de rentabilidad en consonancia. Estas ventajas se acrecientan cuanto mayor es el tamaño del colectivo cubierto, “a la vez que las hace más baratas y eficientes en todos los sentidos”.

Otra de las ventajas que Afi destaca en su informe es que evitan tanto que la persona sobreviva a sus ahorros como que haya un exceso de ahorro acumulado cuando fallece, “lo que seria ineficiente porque implicaría que esa persona ha tenido una calidad de vida inferior de la que se podía haber permitido.

A esta argumentación se ha sumado la propia Pilar González de Frutos, presidenta de Unespa, quien no ha dudado en responder a preguntas de los periodistas que “sí, tan pronto como me llegue la edad de jubilación lo pienso contratar”.

Ventajas fiscales

¿Pero cómo obtener los recursos que hacen falta para constituir una renta vitalicia si no se cuenta con el ahorro suficiente? Algunas fuentes alternativas son, como se ha recordado, las viviendas principales o secundarias -el 82% de las familias españolas poseen la vivienda en la que viven-, derechos diversos -traspasos de negocios, licencias...-, etc. Las rentas vitalicias permiten convertir el patrimonio en una renta que complemente mes a mes la pensión pública. Esta es una vía por la que han optado casi 17.800 personas en España. Fiscalmente tienen a su favor la exención de pagar el IRPF por plusvalías -hasta 240.000 euros- obtenidas por la venta de elementos patrimoniales, siempre que se dediquen íntegramente a adquirir una renta vitalicia, el titular de dicho patrimonio tenga 65 o más años y dicha renta se adquiera en su favor. Además, el tratamiento fiscal de la renta es beneficioso al empezar a percibirse.

La edad media del tomador de este producto es de 72 años aunque lo más habitual es contratar el producto con 65 años. A cierre de 2017, los españoles habían constituido 2.266.082 rentas vitalicias y temporales, lo que supone un ahorro gestionado de 87.259 millones de euros.