Título

Unespa: “Lo primero que necesitan los empresarios de seguros es supervisores capaces”

Pilar González de Frutos
Foto cedida
Pilar González de Frutos, presidenta de Unespa, afirmó en Río de Janeiro en la XVII Conferencia sobre seguros en América Latina de IAIS-Assal, que “lo primero que necesitan los empresarios de seguros es supervisores capaces”.
Redacción
20 de Abril de 2016, 08:30CEST

Según sus palabras, “no estoy diciendo con esto que los supervisores a día de hoy, o en algún momento del pasado o el presente, hayan sido incapaces. Lo que trato de transmitirles es el hecho obvio de que el gobierno corporativo tiene elementos de sí mismo que son complejos de capturar desde un ámbito público. El gobierno corporativo interactúa con una realidad que es el mercado, el mercado libre. El mercado tiene unas necesidades, una demanda, una capacidad, una estructura, una evolución. Todos estos elementos inciden en el qué, pero sobre todo en el cómo, del gobierno corporativo. Y esto quiere decir que el gobierno corporativo no puede ser juzgado si no se asumen, se entienden y se colocan en su mero contexto los elementos del mercado”.

Añadió que “el supervisor consigue evaluar la calidad del gobierno corporativo con capacidad y con profesionalidad, y es por eso que consideramos que la supervisión basada en riesgos plantea retos muy interesantes para la supervisión de seguros que tienen que ver con estas dos palabras. Las repito: capacidad y profesionalidad. Creo, por lo tanto, que una adecuada supervisión basada en riesgos impulsa el debate en torno a la dotación y estructuración de una supervisión del siglo XXI; supervisión que, además, como acertadamente defienden los estándares de la IAIS, debe de estar dotada de razonables niveles de independencia profesional y financiera, lo cual en muchos países debe llevar al diálogo en torno a las fórmulas por las cuales el propio sector puede ser el que aporte los recursos financieros que los supervisores necesitan para cumplir su labor adecuadamente”.

Homogeneidad y estabilidad

Asimismo, la presidenta de Unespa declaró que “lo segundo que necesitamos los empresarios, y este es un mensaje que supongo sonará muy bien a oídos de supervisores, es homogeneidad. El mercado de seguros está constantemente pidiendo liberalización como consecuencia del hecho de que el seguro es más potente y más capaz cuanto más grande es; si en tamaños grandes el seguro encuentra interesantes economías de escala, es obvio que cuantas menos fronteras encuentre en su paso, mejor. Pero la liberalización, o si lo prefieren la trasnacionalidad del seguro, plantea inmediatamente el peligro del arbitraje. Un asegurador trasnacional está o puede estar expuesto a la labor de diversos supervisores, de modo que se plantea el peligro de que éstos no estén suficientemente coordinados, no hayan homogeneizado suficientemente su labor, y se generen con ello los mentados espacios de arbitraje”.

Y advirtió que “a menudo se escucha decir que se pueden armonizar los mercados y dejar para más adelante la armonización de la supervisión. Personalmente, creo que no es verdad. Ambos procesos deben de ser simultáneos, porque, exactamente igual que decíamos de los pilares de las metodologías basadas en riesgo, no tienen sentido el uno sin el otro. No hay más que revisar los ríos de tinta y horas de discusiones que ha consumido en Europa el problema de la supervisión de grupos aseguradores trasnacionales y la operativa de los colegios de supervisores, para darse cuenta de que es un problema muy complejo que, si se avanza a pesar de no haberlo resuelto, vicia todo el proceso de evolución. En este sentido, y no quiero que suene conmiserativo porque no lo es en lo absoluto, es justo saludar los esfuerzos que están realizando organizaciones trasnacionales como la IAIS i ASSAL en sus respectivos ámbitos para trabajar en pro de la armonización supervisora. Estos trabajos, estos esfuerzos y la capacidad de consenso de la que hacen gala los supervisores en el seno de su asociación son muy loables y para nosotros, los empresarios del seguro, son la garantía de proceso de cambio adecuadamente vertebrados, que nos aportan seguridad”.  

También señaló que “la seguridad tiene también mucho que ver con el tercero de los elementos al que quiero referirme: la estabilidad. Es obvio que un supervisor no es un regulador, aunque en muchos países ambas figuras están todavía muy cercanas, más de lo que, como decía antes, los estándares de la propia iais preferirían. Pero aunque el supervisor no regule, es suya la potestad de aplicar la regulación, extenderla en la práctica, perfeccionarla en el día a día, por lo que también tiene un papel que jugar en la provisión de seguridad y estabilidad al sector privado. La labor de regulador de un sector financiero es una labor muy complicada. El regulador financiero tiene que lidiar constantemente con dos querencias antitéticas. Por un lado, está la propensión de todo mercado financiero hacia la novedad. Lo financiero es tributario de las necesidades de los ahorradores e inversores, sean éstos públicos o privados; y estas necesidades nunca dejan de cambiar. Evolucionan con las sociedades, que son entes en cambio permanente. Así pues, en lo financiero, y también en lo actuarial, la innovación es una asignatura obligada que todo asegurador debe aprobar. La innovación, sin embargo, necesita de un regulador eficiente y ágil, que sea capaz de esculpir en la piedra de la ley esas innovaciones antes de que dejen de serlo”.

La otra tendencia contraria que citó Pilar González de Frutos tiene que ver con la necesidad que tienen los sectores financieros de desplegar su actividad en entornos de amplia seguridad jurídica: “Cuando el fabricante de un automóvil le hace una promesa a un cliente que quiere comprar un coche, le hace una promesa a uno, dos o tres años vista. Puede hacerla con toda tranquilidad, porque las probabilidades de encontrarse con cambios de legislación por el camino son muy pocas. Pero cuando un asegurador le hace una promesa a un cliente, esa promesa puede llegar a tener una vigencia de 20, de 25, de 30 años. ¿Necesita el asegurador que la ley permanezca pétrea durante tres décadas? Desde luego que no. Pero lo que tampoco le ayuda es que cambie constantemente, y esto ocurre a menudo cuando los reguladores se dejan llevar en exceso por la primera de las tendencias que he señalado, por la novedad. Llevar a buen término una buena legislación de gobierno corporativo supone un importante esfuerzo para el sector asegurador que aborda la tarea. Es necesario rediseñar estructuras, definir responsabilidades, generar flujos de trabajo y procesos de conocimiento y transferencia de información y, por último pero no por ello menos importante, generar la adecuada estructura de reporte de todo esto hacia el supervisor”.

Legislación constante

Por eso, criticó que “una estrategia de «legislación constante» atropella este proceso, obligando al asegurador a abordar el cambio cuando todavía ni siquiera conoce los puntos fuertes y débiles del cambio 1. Es decir, cuando todavía no ha tenido tiempo de poder valorar qué es lo que ha funcionado en ese cambio como se esperaba, y qué no. Si se legisla demasiado deprisa, los procesos se amontonan unos sobre otros, con la característica de que no han tenido ni tiempo ni oportunidad de aprender los nuevos de los antiguos, porque los antiguos, en realidad, no han llegado a serlo. No han llegado a madurar. Por eso digo que lo que necesita el asegurador privado es estabilidad. El conocimiento de que lo que tiene, el libro de coordenadas en el que ahora debe moverse su negocio, va a seguir siendo, básicamente, el mismo conjunto de reglas de juego durante un tiempo suficientemente prudencial. Creo, en este sentido, que tras unos años frenéticos, ha llegado el momento de observar la labor realizada en mayor medida que alumbrar labor nueva. El frenesí comenzó a finales de la primera mitad de los años noventa, cuando desde diversos puntos del mundo financiero se comenzó a llamar la atención sobre el hecho de que había riesgos en el negocio financiero que no estaban adecuadamente medidos. La crisis financiera del 2008 no vino sino a ser una enorme caja de resonancia para estas reflexiones, acelerando el cambio”.

Finalmente, sintetizó así su intervención: “Profesionalidad, capacidad, armonización, estabilidad y proporcionalidad han sido, pues, las cinco cosas que, desde la actividad privada, hacen falta en este entorno. Ya he tenido ocasión en estas palabras de decir que, en mi opinión, la labor de las asociaciones trasnacionales de supervisores está avanzando en esta dirección. Tenemos por delante, pues, años de diálogo, de análisis y de experiencias compartidas que han de revertir en beneficio de quienes son el objetivo final de todos nuestros esfuerzos, los nuestros y los suyos; que no es otro que el cliente que compra nuestros productos”.